ODYSSEY.
Empieza la expedición

Una llanura abierta, una tormenta que sube

El único camino a través de la tormenta es atravesarla.

En una llanura plana e infinita, una tormenta negra se alza desde la hierba: enorme, segura, imposible de rodear. Aquello hacia lo que vas está al otro lado. Así que vas directo hacia ella.

Contra el viento

No esperará a que estés listo.

Las nubes cierran el cielo como una tapa, la luz se va de la hierba. El viento empuja tu pecho, constante y cruel. Todo dice: párate, espera a que pase. Bajas la cabeza y sigues.

La oscuridad

Dentro, no hay nada que ver.

Lluvia negra, relámpago blanco, después ceguera. Sin horizonte, sin rumbo, sin más sonido que el rugido y tu respiración: solo el frío, la hierba aplastada y el suelo, de algún modo, aún bajo tus pies.

La rendija

Y entonces, a lo lejos, una rendija de oro.

Un haz de luz rasga la nube y cae sobre la llanura, a kilómetros. La tormenta tiene un borde. Hay otro lado. No frenas para asegurarte: corres hacia él.

El claro

El cielo se rasga a la luz.

La tormenta se parte sobre ti y el sol entra de golpe, inundando la llanura de oro hasta el horizonte. La lluvia se apaga, de la hierba sube vapor. El otro lado nunca estuvo lejos: estaba al otro lado de cruzar.

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